Hoy, voy hablar de una obra cuyo autor no la pensó para teatro, pero que se ha convertido en un clásico: "Cinco horas con Mario" de Miguel Delibes
En ella Delibes nos habla de Carmen o, mejor dicho, Carmen habla de si misma junto al cadáver de su marido, Mario, catedrático de instituto y considerado un intelectual. Cuenta su relación de pareja, o su mala relación. A través de ésta, Delibes nos muestra la España provinciana de la época, la de los año sesenta, habla también de la falta de comunicación en el matrimonio.
Nos encontramos con una Carmen Sotillo que vela el cadáver de su marido, una Carmen que repasa su vida junto a Mario, y en sus recuerdos, podemos ver su pobre visión de la vida, una sexualidad que nunca disfrutó y el odio que tiene a su esposo porque no lograron pasar de clase media. También conocemos a Mario, un ser egoísta, autista y tímido, un escritor frustrado, machista de aquella época. Delibes, nos muestra una pareja que se encuentra atrapada en una sociedad esclava de si misma, de convencionalismos incapaces de romper.
Centrémonos ahora en la adaptación teatral. La directora fue Josefina Molina, persona que conoce "Cinco horas con Mario" como si fuese su casa, por lo que la dirección es perfecta, rayando lo magnífico.
Pero Lola Herrera, no rayó la perfección, lo fue. Consiguió que su Carmen, a la que interpreta con unos matices que sólo una gran dama del teatro puede alcanzar, nos llevara, como si de una montaña rusa se tratase, por la risa y el llanto casi sin darnos un respiro. Su Carmen, llena cada rincón del escenario, con un gesto, con una palabra...y nos llevó al final donde definitivamente nuestro corazón se encogió.
Lean el libro, vean la obra si tienen la oportunidad pero, por favor, no dejen de empaparse de este Delibes. Conocerán una España, que nos toca un poco de lejos, una época que ahora a las mujeres nos parece imposible, y que muchas lucharon por cambiar. Leedlo y dadles las gracias a esas mujeres
domingo, 26 de noviembre de 2017
sábado, 11 de noviembre de 2017
DE EL TEATRO NO ES GRATIS
El otro día leí un Twit a María Casal, gran actriz, que decía "repitan conmigo: el teatro no es gratis"
Tengo que reconocer, que al principio, me chocó un poco, quizás porque nunca pensé que el teatro lo fuera o debiera serlo.
Siempre he sabido, que detrás de los que se suben al escenario hay mucha gente. Gente que vive de ello, y que aunque no veamos, si sentimos en el resultado final: sastras, carpinteros, electricistas, acomodadores... productor, ayudante de dirección, dirección, autores...y por supuesto los que finalmente dan la cara. Todos viven de su trabajo.
Una vez escuché decir a, una maravillosa actriz, Emma Penella, que los actores también pagaban facturas y que necesitaban trabajar, que por eso, no hacían siempre esos grandes papeles, a veces tenían que hacer los que les permitiesen vivir.
Yo lo tengo claro, pero me he dado cuenta que hay personas que no. Comenté la frase con algunos conocidos mientras paseaba a Luigi, y alguien me contestó "por supuesto la cultura ha de ser gratis" "¿Por qué?" "Porque es un derecho". Creo que al utilizar el término derecho se llenó de el.
"¿Tú sales por las noches de juerga o a cenar?" Pregunté "claro, después de toda la semana currando tengo derecho, me lo he ganado" "es verdad, tienes derecho a divertirte, entonces la cena y copas son gratis ¿No?" Se quedó todo serio y me dice "hombre, pues no, esa gente ha puesto un dinero y lo tendrá que recuperar"
Este concepto, que se entiende en cualquier otro sitio que no es un teatro, debe ser aplicado en el.
Hay gente que arriesga su dinero, que contrata como cualquier empresario y que debe recuperar su inversión, como en todas partes, con mayor o menor fortuna.
Otra cosa son las subvenciones por parte de las administraciones, que desgraciadamente no se dan en exceso, y que permiten abaratar para los espectadores, y de esa forma, lograr que más gente vaya y conozca o disfrute con el teatro.
Pero repitan conmigo: el teatro no es gratis, es necesario, pero no gratis.
PD: creo que lo convencí un poco
Tengo que reconocer, que al principio, me chocó un poco, quizás porque nunca pensé que el teatro lo fuera o debiera serlo.
Siempre he sabido, que detrás de los que se suben al escenario hay mucha gente. Gente que vive de ello, y que aunque no veamos, si sentimos en el resultado final: sastras, carpinteros, electricistas, acomodadores... productor, ayudante de dirección, dirección, autores...y por supuesto los que finalmente dan la cara. Todos viven de su trabajo.
Una vez escuché decir a, una maravillosa actriz, Emma Penella, que los actores también pagaban facturas y que necesitaban trabajar, que por eso, no hacían siempre esos grandes papeles, a veces tenían que hacer los que les permitiesen vivir.
Yo lo tengo claro, pero me he dado cuenta que hay personas que no. Comenté la frase con algunos conocidos mientras paseaba a Luigi, y alguien me contestó "por supuesto la cultura ha de ser gratis" "¿Por qué?" "Porque es un derecho". Creo que al utilizar el término derecho se llenó de el.
"¿Tú sales por las noches de juerga o a cenar?" Pregunté "claro, después de toda la semana currando tengo derecho, me lo he ganado" "es verdad, tienes derecho a divertirte, entonces la cena y copas son gratis ¿No?" Se quedó todo serio y me dice "hombre, pues no, esa gente ha puesto un dinero y lo tendrá que recuperar"
Este concepto, que se entiende en cualquier otro sitio que no es un teatro, debe ser aplicado en el.
Hay gente que arriesga su dinero, que contrata como cualquier empresario y que debe recuperar su inversión, como en todas partes, con mayor o menor fortuna.
Otra cosa son las subvenciones por parte de las administraciones, que desgraciadamente no se dan en exceso, y que permiten abaratar para los espectadores, y de esa forma, lograr que más gente vaya y conozca o disfrute con el teatro.
Pero repitan conmigo: el teatro no es gratis, es necesario, pero no gratis.
PD: creo que lo convencí un poco
viernes, 3 de noviembre de 2017
DE EVOLUCIONES
Tengo que decir, que el llevar tanto años viendo teatro, a pesar de mi juventud son muchos, da cierta sabiduría en el conocimiento interpretativo de algunos actores y actrices.
Para que me entiendan, lo que quiero decir es que he visto como muchos de nuestro interpretes evolucionaban, como iban madurando en sus actuaciones o, en pocos casos, podía desilusionarme su paso de la pantalla a las tablas. Por supuesto, también, se han dado caso a la inversa, que al verlos sobre el escenario mi sorpresa ha sido grata.
Voy a poner, si me lo permiten, diferentes ejemplos, pero como si de una adivinanza se tratara sus nombres serán dichos al final:
Ejemplo 1: quién siempre ha sido perfecta
A ella comencé a verla en películas en blanco y negro. Con papeles bonitos pero no principales. Pero su naturalidad me resultaba fascinante. Por lo que mis padres y mi tía me cuentan, su bagaje en televisión también es importante, aunque yo por edad tan sólo he podido ver retazos de ese trabajo, pero la sensación es la misma, auténtica admiración. Añado que ha hecho una serie hace tiempo, y que mi sobrina, cuando yo hablaba de su trabajo, me decía "es que lo hace tan bien, es tan cuqui" con rendida admiración.
Cuando finalmente la vi sobre un escenario, no era naturalidad, era... como si ella estuviese hablando en el salón de su casa, da igual con quien. No sentías que estaba interpretando, lo hacía todo sin esfuerzo alguno. Ver como se movía por el escenario era una auténtica maravilla. Jamás me decepcionó, ni una sola de las veces que la vi como por ejemplo en "El jardín de los cerezos"de Chejov "Siempre en otoño" de Santiago Moncada o "Petra Regalada" de Gala.
Hablo sin lugar a dudas de Julia Gutierrez Caba
Ejemplo 2: de ser bueno a ser excelente
Este ejemplo fue, quizás, de los primeros que mis ojos vieron sobre un escenario, no el primero que fue un grande, Fernando Delgado, pero si de los primeros. Él era un joven con talento, con mucho talento, pero que se veía que podía crecer aún mucho, y ya era muy bueno.
Pues a la vez que yo iba creciendo intelectual y físicamente, este actor evolucionó a la perfección, al conocimiento total del teatro, a ser capaz de llegar y llevar a los espectadores donde él quiere. Ya he hablado de él en diferentes entradas porque lo he visto en muchas obras, pero principalmente cuando me referí a "Héroes", hablo de Juan Gea,
Ejemplo 3: de quién no esperas una cierta desilusión.
Este actor me maravilló desde la primera vez que le vi, casi siempre, en el cine. Su facilidad para realizar cualquier papel, y cuando digo cualquier papel digo bien, es bastante difícil de explicar, un ejemplo es la película "Un hombre llamado Flor de Otoño".
Por eso quizás mi desilusión cuando por primera vez lo vi sobre el escenario. El papel era maravilloso, lo que podemos llamar "un caramelito en dulce" pero, siempre en mi opinión, no lo supo aprovechar, era nada más y nada menos que el protagonista de "La muerte de un viajante". Si es cierto que posteriormente lo he visto más veces y que me ha gustado, que he logrado ver al José Sacristán que me esperaba, pero, también, reconozco que siempre recuerdo la desilusión, a veces las primeras impresiones son importantes aunque por supuesto corregibles.
Hay muchos ejemplos más, pero no quiero alargarme. Deben ir al teatro, crear sus propias impresiones, discutir las mías...pero vayan, porque lo que sentirán realmente no sé puede contar
Para que me entiendan, lo que quiero decir es que he visto como muchos de nuestro interpretes evolucionaban, como iban madurando en sus actuaciones o, en pocos casos, podía desilusionarme su paso de la pantalla a las tablas. Por supuesto, también, se han dado caso a la inversa, que al verlos sobre el escenario mi sorpresa ha sido grata.
Voy a poner, si me lo permiten, diferentes ejemplos, pero como si de una adivinanza se tratara sus nombres serán dichos al final:
Ejemplo 1: quién siempre ha sido perfecta
A ella comencé a verla en películas en blanco y negro. Con papeles bonitos pero no principales. Pero su naturalidad me resultaba fascinante. Por lo que mis padres y mi tía me cuentan, su bagaje en televisión también es importante, aunque yo por edad tan sólo he podido ver retazos de ese trabajo, pero la sensación es la misma, auténtica admiración. Añado que ha hecho una serie hace tiempo, y que mi sobrina, cuando yo hablaba de su trabajo, me decía "es que lo hace tan bien, es tan cuqui" con rendida admiración.
Cuando finalmente la vi sobre un escenario, no era naturalidad, era... como si ella estuviese hablando en el salón de su casa, da igual con quien. No sentías que estaba interpretando, lo hacía todo sin esfuerzo alguno. Ver como se movía por el escenario era una auténtica maravilla. Jamás me decepcionó, ni una sola de las veces que la vi como por ejemplo en "El jardín de los cerezos"de Chejov "Siempre en otoño" de Santiago Moncada o "Petra Regalada" de Gala.
Hablo sin lugar a dudas de Julia Gutierrez Caba
Ejemplo 2: de ser bueno a ser excelente
Este ejemplo fue, quizás, de los primeros que mis ojos vieron sobre un escenario, no el primero que fue un grande, Fernando Delgado, pero si de los primeros. Él era un joven con talento, con mucho talento, pero que se veía que podía crecer aún mucho, y ya era muy bueno.
Pues a la vez que yo iba creciendo intelectual y físicamente, este actor evolucionó a la perfección, al conocimiento total del teatro, a ser capaz de llegar y llevar a los espectadores donde él quiere. Ya he hablado de él en diferentes entradas porque lo he visto en muchas obras, pero principalmente cuando me referí a "Héroes", hablo de Juan Gea,
Ejemplo 3: de quién no esperas una cierta desilusión.
Este actor me maravilló desde la primera vez que le vi, casi siempre, en el cine. Su facilidad para realizar cualquier papel, y cuando digo cualquier papel digo bien, es bastante difícil de explicar, un ejemplo es la película "Un hombre llamado Flor de Otoño".
Por eso quizás mi desilusión cuando por primera vez lo vi sobre el escenario. El papel era maravilloso, lo que podemos llamar "un caramelito en dulce" pero, siempre en mi opinión, no lo supo aprovechar, era nada más y nada menos que el protagonista de "La muerte de un viajante". Si es cierto que posteriormente lo he visto más veces y que me ha gustado, que he logrado ver al José Sacristán que me esperaba, pero, también, reconozco que siempre recuerdo la desilusión, a veces las primeras impresiones son importantes aunque por supuesto corregibles.
Hay muchos ejemplos más, pero no quiero alargarme. Deben ir al teatro, crear sus propias impresiones, discutir las mías...pero vayan, porque lo que sentirán realmente no sé puede contar
sábado, 28 de octubre de 2017
DE NO HAY CUARTA MALA
Hoy voy aprovechar que he realizado uno de mis ejercicios favorito en el teatro, ver de nuevo una función (en este caso por cuarta vez) y saber si siento lo mismo, o si los de mi alrededor reaccionan de la misma forma. Personas diferentes, viendo la misma obra, nunca se sabe.
Hoy ha sido "La Jaula de grillos", ya os he hablado de ella en alguna entrada anterior.
El argumento es de todos conocido Albín y César, dos personas que comparten amor y vida, y dueños del cabaret que da nombre a la obra, tienen un hijo, Joseán, que se va a casar poniendo el mundo de esta pareja del revés. El resto hay que verla para saberlo.
Hay gente que me pregunta que por qué veo una obra varias veces, "porque nunca vives lo mismo" es mi respuesta. En el cine siempre ves la misma película, y aún así la disfrutas, pues imaginaros en el teatro.
Voy a poner un ejemplo de lo que sucedió en la última representación de la "Jaula" en el teatro Amaya en Madrid. Al
final de la misma y con la complicidad de los actores, un hombre le pidió matrimonio a su otro yo, su otro hombre. Entre nervios, aplausos y risas le dijo que si. Eso fue pura magia y sólo lo puedes vivir en el teatro. O, sin ir más lejos, hoy, que hemos cantado con los músicos antes de comenzar, dejando el espíritu muy alto, ha estado genial.
Sigamos explicando lo bonito de ver un espectáculo varias veces. Yo, en mi primera vez, junto a los espectadores que la vieron conmigo la disfrutamos con grandes carcajadas (todos están maravillosos, desde el primero hasta el último que pisa el escenario o pasea entre las butacas) y alcanzaron un gran momento de emoción cuando Alberto Vázquez canta "Soy lo que soy" ¡Puf! creo que todos nos unimos a él como una sola persona y seguimos su voz por todo el teatro.
Bien pues hoy yo he sentido lo mismo, mi hermana (que lo veía por primera vez) ha sentido lo mismo y los espectadores que habitaban las butacas han sentido lo mismo. Y estoy segura que todo el mundo que tenga la oportunidad de verla ("La Jaula de grillos" sigue abriendo sus puertas por diferentes ciudades ya que están de gira) , sentirán lo mismo.
Añado además que el Auditorio de Colmenar ha estado hasta la bandera, que bonito es ver un teatro, un auditorio lleno, de pie, aplaudiendo a quienes lo han dado todo en el escenario.
Así que si les gusta una obra, nunca dejen de verla varias veces, sentirán lo mismo, reirán o llorarán igual y, sobre todo, verán cada vez una función diferente, vamos que como la vida misma.
PD: para que vean que no miento sobre Alberto Vázquez les dejo un video de su último CD "Recordando Eurovisión"
Hoy ha sido "La Jaula de grillos", ya os he hablado de ella en alguna entrada anterior.
El argumento es de todos conocido Albín y César, dos personas que comparten amor y vida, y dueños del cabaret que da nombre a la obra, tienen un hijo, Joseán, que se va a casar poniendo el mundo de esta pareja del revés. El resto hay que verla para saberlo.
Hay gente que me pregunta que por qué veo una obra varias veces, "porque nunca vives lo mismo" es mi respuesta. En el cine siempre ves la misma película, y aún así la disfrutas, pues imaginaros en el teatro.
Voy a poner un ejemplo de lo que sucedió en la última representación de la "Jaula" en el teatro Amaya en Madrid. Al
final de la misma y con la complicidad de los actores, un hombre le pidió matrimonio a su otro yo, su otro hombre. Entre nervios, aplausos y risas le dijo que si. Eso fue pura magia y sólo lo puedes vivir en el teatro. O, sin ir más lejos, hoy, que hemos cantado con los músicos antes de comenzar, dejando el espíritu muy alto, ha estado genial.
Sigamos explicando lo bonito de ver un espectáculo varias veces. Yo, en mi primera vez, junto a los espectadores que la vieron conmigo la disfrutamos con grandes carcajadas (todos están maravillosos, desde el primero hasta el último que pisa el escenario o pasea entre las butacas) y alcanzaron un gran momento de emoción cuando Alberto Vázquez canta "Soy lo que soy" ¡Puf! creo que todos nos unimos a él como una sola persona y seguimos su voz por todo el teatro.
Bien pues hoy yo he sentido lo mismo, mi hermana (que lo veía por primera vez) ha sentido lo mismo y los espectadores que habitaban las butacas han sentido lo mismo. Y estoy segura que todo el mundo que tenga la oportunidad de verla ("La Jaula de grillos" sigue abriendo sus puertas por diferentes ciudades ya que están de gira) , sentirán lo mismo.
Añado además que el Auditorio de Colmenar ha estado hasta la bandera, que bonito es ver un teatro, un auditorio lleno, de pie, aplaudiendo a quienes lo han dado todo en el escenario.
Así que si les gusta una obra, nunca dejen de verla varias veces, sentirán lo mismo, reirán o llorarán igual y, sobre todo, verán cada vez una función diferente, vamos que como la vida misma.
PD: para que vean que no miento sobre Alberto Vázquez les dejo un video de su último CD "Recordando Eurovisión"
viernes, 20 de octubre de 2017
DE BURUNDANGA
Hoy voy hablar de la obra "Burundanga" de Jordi Galceran.
La fui a ver por recomendación de varias personas y por el buen nombre que tiene su autor en el teatro, y por lo mucho que me gustó "El crédito" del que hablaré.
¿De qué va? Os preguntaréis, sólo daré una pincelada ya que sigue en las tablas del teatro Lara, así que si alguno quiere saber cómo se desarrolla, lo que tiene que hacer es ir al Lara porque la risa está asegurada hasta el 30 de diciembre. Pues no os hago esperar más, allá vamos: Berta es una joven que está embarazada y no sabe cómo se lo puede tomar su novio, no sabe si Manel va a querer al bebé. Silvia, que es su compañera de piso, le ofrece la solución: Burundanga, la droga de la verdad. El problema es que Manel dice cosas que nadie esperaba oír. Y hasta aquí puedo leer.
Burundanga es un texto muy divertido, te ríes vayas predispuesto o no. Por eso lleva tanto tiempo en Madrid, gusta a todo el mundo que la ve, en menor o mayor medida, pero lo que es seguro es que te diviertes.
Es curioso que se disfrute tanto en Burundanga cuando se tratan dos temas que son bastantes complicados, por un lado el nacionalismo, esta obra está escrita desdramatizando el tema y si se me permite decirlo creo que deberíamos seguir su estela. Respecto al otro tema la verdad, consigue que veamos que a veces saberla sea duro pero necesario para seguir adelante, y eso seguro que todos lo hemos vivido alguna vez ¿verdad?
De los actores decir que como lleva tanto tiempo van cambiando, aunque hay dos que siempre están, que son los que interpretan a los personajes más cómicos: Eloy Arenas y Mar Abascal. Su presencia logra que aunque sus compañeros cambien (y sean quienes sean siempre lo hacen bien) la comicidad y la risa siempre estén aseguradas. En este montaje sus tres compañeros son: César Camino, Rebeca Valls y Antonio Hortelano.
Así que ya sabéis, si queréis reíros escuchando la verdad (cosa altamente complicada) id a ver Burundanga
La fui a ver por recomendación de varias personas y por el buen nombre que tiene su autor en el teatro, y por lo mucho que me gustó "El crédito" del que hablaré.
¿De qué va? Os preguntaréis, sólo daré una pincelada ya que sigue en las tablas del teatro Lara, así que si alguno quiere saber cómo se desarrolla, lo que tiene que hacer es ir al Lara porque la risa está asegurada hasta el 30 de diciembre. Pues no os hago esperar más, allá vamos: Berta es una joven que está embarazada y no sabe cómo se lo puede tomar su novio, no sabe si Manel va a querer al bebé. Silvia, que es su compañera de piso, le ofrece la solución: Burundanga, la droga de la verdad. El problema es que Manel dice cosas que nadie esperaba oír. Y hasta aquí puedo leer.
Burundanga es un texto muy divertido, te ríes vayas predispuesto o no. Por eso lleva tanto tiempo en Madrid, gusta a todo el mundo que la ve, en menor o mayor medida, pero lo que es seguro es que te diviertes.
Es curioso que se disfrute tanto en Burundanga cuando se tratan dos temas que son bastantes complicados, por un lado el nacionalismo, esta obra está escrita desdramatizando el tema y si se me permite decirlo creo que deberíamos seguir su estela. Respecto al otro tema la verdad, consigue que veamos que a veces saberla sea duro pero necesario para seguir adelante, y eso seguro que todos lo hemos vivido alguna vez ¿verdad?
De los actores decir que como lleva tanto tiempo van cambiando, aunque hay dos que siempre están, que son los que interpretan a los personajes más cómicos: Eloy Arenas y Mar Abascal. Su presencia logra que aunque sus compañeros cambien (y sean quienes sean siempre lo hacen bien) la comicidad y la risa siempre estén aseguradas. En este montaje sus tres compañeros son: César Camino, Rebeca Valls y Antonio Hortelano.
Así que ya sabéis, si queréis reíros escuchando la verdad (cosa altamente complicada) id a ver Burundanga
martes, 3 de octubre de 2017
DE SER O NO SER
Hace mucho, mucho tiempo, mi ya conocida tía Catalina, me llevo al cine a ver una película "en blanco y negro" y en mi opinión, en ese momento, muy vieja, de 1942. Como a veces me pasa, fui a regañadientes y salí feliz, y reconozco que disfruté muchísimo.
Así que cuando, en el año 2010, en el teatro Alcazar, teatro Cofidis ahora, subieron al escenario la obra "Ser o no ser", dirigida por Álvaro Alonso, no dude en ir a verla.
La sinopsis de forma rápida, y sin machacarla para que el que quiera la vea, es la siguiente: ambientada en la Segunda Guerra Mundial, el ejercito alemán ha invadido Varsovia. La ciudad está bajo las órdenes de los nazis. Una compañía de teatro, de paso por Varsovia, se ve obligada a sustituir la obra que estaban representando en ese momento, por otra: Hamlet. María Tura, la esposa del actor principal de la compañía de teatro, conoce a un espía de la Gestapo, con el que fingirá un romance.
Dicho así parece una historia simple, pero es la mar de divertida. La risa y la aventura están presentes todo el tiempo.
De la obra, esta vez, quizás diré poco, desde luego lo que consiguió fue acercarse mucho a la película, consiguió que el público disfrutásemos durante dos horas.
Los actores, sobre todo José Luis Gil, estuvieron a la altura.
Voy hablar de manera genérica, lo mismo que digo para la película lo podemos aplicar a la obra de teatro.
La película es una joya, no hay nada casual. Desde el título, en el que podemos entender al finalizar, que los personajes tienen la misma dicotomía que el príncipe de Dinamarca, Ser o no ser, es decir, actuar, hacer algo en la lucha contra los nazis o dejarlo pasar.
Ellos deciden convertirse en héroes o no. Aquí es cuando podemos analizar a los personajes. Como, algunos de ellos serán héroes por sentimientos, por creencia en lo que hacen, pero, el que más destaca es precisamente el personaje principal Joseph Tura (José Luis Gil), que es llevado al heroísmo por su propio egoísmo, para alimentar su ego.
El resultado es el mismo, aunque la motivación sea diferente, lo que me hace pensar que cuando logramos algo bueno, da igual el motivo por lo que lo hacemos, lo que importa es el resultado que logramos.
En "Ser o no ser" se habla de sentimientos universales, sentimientos que siempre tendremos y que siempre existirán. Por eso "Ser o no ser" nunca pasará de moda. Las obras maestras nunca lo hacen.
Así que cuando, en el año 2010, en el teatro Alcazar, teatro Cofidis ahora, subieron al escenario la obra "Ser o no ser", dirigida por Álvaro Alonso, no dude en ir a verla.
La sinopsis de forma rápida, y sin machacarla para que el que quiera la vea, es la siguiente: ambientada en la Segunda Guerra Mundial, el ejercito alemán ha invadido Varsovia. La ciudad está bajo las órdenes de los nazis. Una compañía de teatro, de paso por Varsovia, se ve obligada a sustituir la obra que estaban representando en ese momento, por otra: Hamlet. María Tura, la esposa del actor principal de la compañía de teatro, conoce a un espía de la Gestapo, con el que fingirá un romance.
Dicho así parece una historia simple, pero es la mar de divertida. La risa y la aventura están presentes todo el tiempo.
De la obra, esta vez, quizás diré poco, desde luego lo que consiguió fue acercarse mucho a la película, consiguió que el público disfrutásemos durante dos horas.
Los actores, sobre todo José Luis Gil, estuvieron a la altura.
Voy hablar de manera genérica, lo mismo que digo para la película lo podemos aplicar a la obra de teatro.
La película es una joya, no hay nada casual. Desde el título, en el que podemos entender al finalizar, que los personajes tienen la misma dicotomía que el príncipe de Dinamarca, Ser o no ser, es decir, actuar, hacer algo en la lucha contra los nazis o dejarlo pasar.
Ellos deciden convertirse en héroes o no. Aquí es cuando podemos analizar a los personajes. Como, algunos de ellos serán héroes por sentimientos, por creencia en lo que hacen, pero, el que más destaca es precisamente el personaje principal Joseph Tura (José Luis Gil), que es llevado al heroísmo por su propio egoísmo, para alimentar su ego.
El resultado es el mismo, aunque la motivación sea diferente, lo que me hace pensar que cuando logramos algo bueno, da igual el motivo por lo que lo hacemos, lo que importa es el resultado que logramos.
En "Ser o no ser" se habla de sentimientos universales, sentimientos que siempre tendremos y que siempre existirán. Por eso "Ser o no ser" nunca pasará de moda. Las obras maestras nunca lo hacen.
martes, 19 de septiembre de 2017
DE ESPECTADORES
En estas entradas he hablado de autores, actores, actrices y directores, pero nunca me he centrado en otro componente fundamental para que la magia del teatro tome forma y se represente: los espectadores. Sin ellos, sin nosotros, nada existiría.
Algunos pensarán que se puede representar sin que los espectadores habiten las butacas, pero no creo, que los que se suben a las tablas, de una forma u otra, piensen lo mismo. Ellos también notan la presencia o la falta de esta, esperan sus respuestas, e incluso, acomodan, a veces, el ritmo de la obra a ese sentimiento que les llega desde el otro lado de la cuarta pared.
Si bien es cierto que he hablado de mi como espectadora y de cómo me sentía ante un montaje, también es cierto, que no lo he hecho de aquellas personas que me rodean en las butacas, personas que pueden sentir lo mismo que yo o no.
Voy a destacar dos tipos que son los que quizás me llamen más la atención.
El primero lo encontramos sobre todo en la comedia, el que se se ríe de forma muy estridente, que causa muchas veces que sus compañeros de butaca aún rían más. Pero que llega a su punto más alto en el momento que habla con los actores y actrices, que responde a los personajes. Al principio, yo pensaba que les debía molestar mucho, pero ahora creo que puede ser una forma de halago, quizás un poco primitiva, pero no falta de admiración. Añado, qué en los dramas su dolor se demuestra a los mismo decibelios. Suelen, al término del espectáculo, salir felices y dispuestos a repetir.
Hay un segundo grupo, que son el extremo opuesto. No muestran sentimientos durante la obra, si es un drama casi ni mueven el gesto y si es comedia puedes ver una leve sonrisa en su cara. Los aplausos se dan, pero no con entusiasmo.
Cuando los ves piensas "no les ha gustado" y en ocasiones será así, pero otras, sorpresivamente, les ha encantado, salen entusiasmados y diciendo frases como "me ha emocionado mucho" o "no he podido parar de reír".
Entre medias hay muchos más tipos, cada uno de los que vamos al teatro somos únicos e irrepetibles en nuestra forma de vivirlo, pero yo creo que lo que somos cuando vamos a un espectáculo es colectivamente únicos.
Algunos pensarán que se puede representar sin que los espectadores habiten las butacas, pero no creo, que los que se suben a las tablas, de una forma u otra, piensen lo mismo. Ellos también notan la presencia o la falta de esta, esperan sus respuestas, e incluso, acomodan, a veces, el ritmo de la obra a ese sentimiento que les llega desde el otro lado de la cuarta pared.
Si bien es cierto que he hablado de mi como espectadora y de cómo me sentía ante un montaje, también es cierto, que no lo he hecho de aquellas personas que me rodean en las butacas, personas que pueden sentir lo mismo que yo o no.
Voy a destacar dos tipos que son los que quizás me llamen más la atención.
El primero lo encontramos sobre todo en la comedia, el que se se ríe de forma muy estridente, que causa muchas veces que sus compañeros de butaca aún rían más. Pero que llega a su punto más alto en el momento que habla con los actores y actrices, que responde a los personajes. Al principio, yo pensaba que les debía molestar mucho, pero ahora creo que puede ser una forma de halago, quizás un poco primitiva, pero no falta de admiración. Añado, qué en los dramas su dolor se demuestra a los mismo decibelios. Suelen, al término del espectáculo, salir felices y dispuestos a repetir.
Hay un segundo grupo, que son el extremo opuesto. No muestran sentimientos durante la obra, si es un drama casi ni mueven el gesto y si es comedia puedes ver una leve sonrisa en su cara. Los aplausos se dan, pero no con entusiasmo.
Cuando los ves piensas "no les ha gustado" y en ocasiones será así, pero otras, sorpresivamente, les ha encantado, salen entusiasmados y diciendo frases como "me ha emocionado mucho" o "no he podido parar de reír".
Entre medias hay muchos más tipos, cada uno de los que vamos al teatro somos únicos e irrepetibles en nuestra forma de vivirlo, pero yo creo que lo que somos cuando vamos a un espectáculo es colectivamente únicos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






